Las joyas de la dama

La tumba número 14 del templo de Tutmosis III desvela una momia de mujer con sus joyas

Durante la 7ª campaña arqueológica se descubren dos tumbas del Imperio Medio que reportan interesante hallazgos sobre un período poco conocido en la zona tebana. 

Los trabajos de excavación y restauración consistieron en limpiar y proteger las tumbas que ya habían sido localizadas previamente por sistema de georradar. 

Una vez terminada la limpieza del pozo funerario de la tumba número 14, que había sido saqueada en la antigüedad, los investigadores pudieron constatar que en una de la cámaras se había hundido parte del techo, lo cual les permitió albergar esperanzas de que aquella parte no había sido profanada.

A medida que avanzaron en los trabajos de desescombro pudieron advertir que no estaban equivocados. Un gran bloque de piedra, que había caído antes de que la tumba fuera profanada, se había desprendido y había aplastado un sarcófago con todo su contenido. De esta manera se había evitado el robo de los objetos preciosos portados por la momia que estaba en su interior.

Retirado el citado bloque, los investigadores encontraron restos de sarcófago y un cadáver totalmente destrozado que, sin embargo, conservaba las joyas con las que había sido enterrado. Un análisis preliminar de la cerámica permite datar esta tumba en el Imperio Medio.

Aquella mujer, perteneciente a una clase social alta, fue enterrada con un amuleto cilíndrico de oro y amatista, y con una gran concha de oro delicadamente trabajada. Además, en cada muñeca portaba una pulsera de oro, formada por dos hilos que se enlazaban en un nudo, y una tobillera de plata de características similares a las pulseras en cada tobillo. La concha, que pesa 23 gramos, y los dos pulseras de oro están en perfecto estado de conservación, en tanto que las dos joyas de plata fueron encontradas sumamente deterioradas. 

A finales de la campaña del 2013 fue descubierta la tumba número XI, en la que se encontraron restos de un ajuar funerario y de un ataúd de madera perteneciente a un personaje llamado Ikery. Particularmente llamativa era una parte de aquella pieza que parecía haber sido cortada deliberadamente y que conservaba los dos ojos pintados en muy buen estado.

La tumba, que había sido saqueada y reutilizada posteriormente, albergaba huesos de hasta 17 personas y numerosos objetos que tenían la función de acompañar y proteger a los difuntos en el Más Allá. Destacan fragmentos de estela de caliza, uno de los cuales conserva el nombre Amenemhat; trozos de maquetas de madera, entre los que destacan algunas aves muy bien talladas; escarabeos y pequeñas placas, tapas de vasos canopos de madera con forma de cabeza humana estucadas y estatuillas de diversas clases, alguna de ellas con inscripción. 

Mención especial merecen una veintena de fragmentos de diversos cuchillos mágicos de marfil con grabados de figuras de divinidades protectoras y símbolos de protección que aportan interesante información sobre las creencias de los antiguos egipcios. Tres de ellos han permitido recuperar una pequeña pieza entera. Especialmente curiosa es una aguja de pelo de marfil, la cual ha perdido la punta, pero conserva en su cabeza la tosca figura de un hipopótamo con cocodrilo en la espalda correspondiente a Taueret, una apreciada diosa de la protección.