Tutmosis III

Tutmosis III (1490/68-1436 a. C.), hijo de Tutmosis II e Isis, una esposa secundaria, fue uno de los reyes más importantes de toda la historia de Egipto. Su padre murió prematuramente cuando él era un niño y ello motivó una regencia dirigida por Hatshepsut, media hermana y esposa principal del faraón difunto. Años más tarde, la regente se autoproclamó “rey” y gobernaría Egipto durante un largo período de tiempo. Poco se sabe sobre el joven príncipe durante esa época, aunque algunas informaciones señalan que a finales de la misma comandaba tropas para reprimir rebeldes. 

 

Tras la desaparición de Hatshepsut, y sin apenas tiempo para la coronación, el joven rey condujo al ejército para aplastar una coalición de ciudades y territorios asiáticos en la estratégica ciudad de Meguiddo. Allí conseguiría un gran triunfo sobre el enemigo y posteriormente diseñaría un ambicioso programa de conquistas, dividido en cuatro fases que englobarían hasta dieciséis campañas:

  • Conquista de las costas de Siria y Palestina y consolidación de posiciones.
  • Conquista de la ciudad de Qadesh, cuyo gobernante había sido uno de los impulsores de la hostilidad contra Egipto.
  • Ofensiva contra el reino de los mitannios. El ejército del faraón cruzaría el Éufrates para escarmentar a los dirigentes de la otra potencia política de aquella época.
  • Fronteras en Siria central y defensa de las mismas ante sublevaciones y actos hostiles de los mitannios.

Simultáneamente a la ofensiva asiática, el faraón trasladó los límites de Egipto hasta la cuarta catarata del Nilo. Con el fin de preservar tan vastas conquistas, Tutmosis III dedicó especial atención a la diplomacia y a las cuestiones administrativas:

 

  • En los territorios nubios la figura del gobernador, conocida como virrey de Kush, aumentó notablemente su radio de acción en una zona que había sido dividida en dos provincias: Nubia y Kush. El objetivo prioritario de la autoridad egipcia era garantizar la llegada de oro y productos exóticos del centro de África, con lo cual las guarniciones controlaban el curso del Nilo y enclaves estratégicos en el desierto.
  • En las posesiones asiáticas se efectuó un sistema similar al anterior. Fuentes posteriores citan tres provincias: Amurru, Canaan y Upe. Cada una tenía un gobernador que estaba al frente de pequeñas guarniciones acantonadas estratégicamente. Su función esencial era la recaudación de tributos consistentes básicamente en productos manufacturados, delegando en los jefes locales las demás responsabilidades. El primer gobernador egipcio en tierras asiáticas fue el general Djehuty, hombre de confianza de Tutmosis que devendría mítico.

Los gobernantes foráneos estaban obligados a enviar a sus hijos a la Corte egipcia para que recibieran una educación adecuada y pudieran ser utilizados como rehenes si se producían rebeliones.

En cuanto a política interior, Egipto estaba dividido en dos grandes unidades administrativas: el territorio del norte, que abarcaba el delta y parte del Egipto central hasta Assiut, y el del sur, que incluía el resto del país hasta Elefantina. Al frente de sus respectivas administraciones había un visir, considerado jefe ejecutivo de la Casa Real.

Tutmosis III tuvo dos esposas principales: Satiah y Merytre Hatshespsut, la cual sería madre de su sucesor, el príncipe Amenofis. Se han conservado fuentes escritas sobre ambas. Asimismo, cabe recordar la tumba intacta de la necrópolis tebana donde se encontraron tres esposas asiáticas de rango inferior a las anteriores: Menhet, Menui y Merti.

La actividad constructiva de este faraón se vio favorecida por su longevidad y la cantidad de riquezas que acumuló Egipto bajo su reinado. Hay constancia de que se levantaron templos por todo el país. Algunas de sus obras más significativas se encuentran en Karnak, donde construyó, entre otros monumentos, el célebre Akh Menu y el séptimo pilono. Pero también en el oeste de Tebas se erigieron joyas arquitectónicas, como su propio Templo de Millones de Años, un templo en Medinet Habu y otro en Deir el-Bahari. Fuera de la capital hay evidencias escritas o arqueológicas sobre sus templos en muchos lugares, siendo algunos de los más representativos: Buto, Heliópolis, Armant, El Kab, Elefantina, Amada o Semna.

Mención especial merece su tumba del Valle de los Reyes. Las paredes de la antecámara, con un catálogo de divinidades escrito en cursivo, y de la cámara funeraria, cuya forma de cartucho alberga una versión completa del Amduat (“Libro de lo que hay en el Mundo Subterráneo”), aportan mucha información sobre la religión egipcia.

Tutmosis III no se dedicó solamente a la política. Para él los ancestros eran importantes y así lo demuestran fuentes que indican cómo honró la memoria de su padre, Tutmosis II, y de su abuelo, Tutmosis I. Yendo incluso más allá, bajo su reinado se elaboró una lista de reyes y se rindió homenaje a Sesostris III, un gran faraón que en el pasado había extendido las fronteras de Egipto por territorio nubio.

Desde el punto de vista cultural, este faraón tuvo especial interés por aspectos de botánica y zoología, según demuestran las paredes del conocido como “jardín botánico” de Karnak, que presentan plantas y animales que llegaban a Egipto desde tierras foráneas.

La talla política de este soberano sería recordada durante siglos. El faraón Seti I, padre del célebre Ramsés II, siguió pautas estratégicas que ya había marcado Tutmosis III, y, a lo largo de los siglos, se elaboraron millares de escarabeos que portaban su nombre de entronización: Men-kheper-Re.